Comenzó la obra del Cinerario en la Parroquia “Santa Catalina de Siena”
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Comenzó la obra del Cinerario en la Parroquia “Santa Catalina de Siena”

En estos días, se está llevando a cabo el inicio de obra de construcción del Cinerario, a raíz de lo decidido por el Consejo Parroquial de comenzar la construcción del mismo. Estará ubicado en la capilla oratorio de la “Inmaculada Madre del Divino Corazón Eucarístico de Jesús”, al ingreso al predio del templo parroquial.

📅 21/01/2026

✍️ Por Rodrigo David Spinetta

Dicha Capilla será ampliada, respetando el diseño original, para dar lugar al sitio del Cinerario. Se estima que en el plazo de mes y medio estará ya en disponibilidad para ser bendecido y poder recibir las cenizas de un difunto. El cinerario El cinerario es el espacio de físico donde se depositan las cenizas de los difuntos. Las cenizas, que son la última expresión material de lo que fue el cuerpo, tienen una enorme carga simbólica porque remiten a la memoria de los que la persona significó para sus familiares y amigos. La Iglesia, ofrece hoy la posibilidad de realizarla, y pide un lugar digno para depositar las cenizas de los seres queridos. Por lo tanto, un cinerario es un lugar santo, bendecido a tal efecto, para que el destino final de las cenizas de quienes el Señor llamó a su presencia. En él se depositan cenizas en forma colectiva, sin urnas, de manera tal que no es posible individualizar a posterioridad a quién pertenecen las mismas. Sin embargo, hay un régimen administrativo que lleva cuenta de quienes fueron las personas cuyas cenizas allí se depositaron, mediante la presentación de documentación fehaciente que debe acercar el familiar o amigo que lleve las cenizas y el registro en los libros a tal efecto.

Imagen secundaria

Un poco de historia y doctrina. La piedra angular de nuestra fe, la que determina nuestra identidad cristiana, es la resurrección de los muertos a la luz de la muerte y resurrección de Jesucristo. San Pablo lo expresaba con palabras sencillas: “se siembran cuerpos corruptibles y resucitarán incorruptibles; se siembran cuerpos humillados y resucitarán gloriosos; se siembran cuerpos débiles y resucitarán llenos de fuerza”, (1Co 15, 42-43) Por la muerte, el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección, Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado, reuniéndolo con nuestra alma. Todo nuestro ser, en la unidad de cuerpo-alma participará de la Gloria del Resucitado. En nuestra sociedad, la incineración de los difuntos se va difundiendo notablemente, con el riesgo de perder el sentido sagrado de las exequias y de la dignidad del mismo cuerpo humano. Ante la generalización de esta práctica, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que conduce el Cardenal argentino “Tucho” Fernández, el 15 de agosto de 2016 hizo pública la Instrucción “Ad resurgendum cum Christo, Acerca de la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación”, que, siguiendo la enseñanza de la Iglesia, conforme al canon 1176 del Código de Derecho Canónico expresa: “Cuando razones de tipo higiénicas, económicas o sociales lleven a optar por la cremación, ésta no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo y por lo tanto no el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo y por lo tanto no contiene la negación objetiva de la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo. (…)” Tal es así que la Conferencia Episcopal Argentina, haciéndose eco de esta Instrucción y observando las necesidades pastorales de la sociedad ha recomendado a las Diócesis y parroquias destinar un lugar digno para depositar las cenizas de los difuntos de los miembros de la comunidad y sus familiares. La cultura moderna y “los signos de los tiempos” La cultura en torno al tema de la muerte ha cambiado, al punto que son muchas las personas y familias que solicitan la cremación. Por ello, se ha considerado necesaria una pastoral renovada para acompañar la muerte y su tiempo de duelo. Dicha práctica pastoral, permite, por un lado, retomar la tradición de unir el eterno descanso de los fieles difuntos con el templo y, por otro lado, propone otorgar al lugar donde reposan los restos de quienes han sido consagrados por el Bautismo, la sacralidad que le corresponde, de acuerdo con nuestra fe en la vida eterna y nuestra esperanza en la resurrección final. Esta recomendación se basa, también, en que muchas familias no saben qué hacer con las cenizas de los suyos y así, se presenta un problema extra, a la par del tiempo de duelo. Así, tomando lo expresado por el Concilio Vaticano II que “es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas” , es que desde la comunidad parroquial, bajo la guía del Padre Mariano, ha decidido comenzar la construcción de dicho cinerario y brindar un servicio a la comunidad católica y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que deseen depositar las cenizas.

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