El Congreso de la Nación y la degradación de su prestigio
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El Congreso de la Nación y la degradación de su prestigio

Peleas, insultos y actitudes lamentables por parte de los funcionarios. La falta de credibilidad dentro del Parlamento Nacional aumenta cada año ¿Se olvidaron por completo que representan al pueblo argentino?

📅 05/12/2025

✍️ Por Johan Talarico

La semana pasada, en la Cámara de Diputados de la Nación y bajo la atenta mirada del presidente Javier Milei, juraron los 127 legisladores que asumirán el próximo 10 de diciembre. Dentro del recinto, durante la protocolar ceremonia correspondiente, pasó de todo: insultos, peleas, chicanas, abucheos, bromas de muy mal gusto y gritos. Violencia, intolerancia y agresiones, a la orden del día. Estos modos, costumbres, maneras de actuar y relacionarse entre los miembros de los distintos bloques son una fija, una constante que empeora y se agrava año tras año. El Congreso Nacional, y conforme a lo que marca la triste realidad, no es un estadio de fútbol, el circo romano ni una jaula de riña, pero en los últimos años se asemeja a ello. Alcanza con un simple gesto, una palabra o mirada desafiante para que todo estalle por los aires. Los principios, valores, buenos modales, normas y/o reglas de convivencia para el desarrollo de una labor estatal en armonía quedaron olvidados por completo en este último tramo de la historia argentina. El tiempo se llevó todo a la rastra. El hecho de naturalizar estos actos, que se torne una costumbre, nos invita y llama a reflexionar de manera profunda y con detenimiento acerca de qué país queremos no sólo para nuestros seres queridos en la actualidad, sino también para las futuras generaciones ¿Deseamos acaso una patria donde reine la paz, la igualdad y con instituciones firmes y pujantes? ¿O queremos un Estado cuyos elementos ordenadores sean la violencia, la desesperanza y la ambición sin límites? ¿Perdieron por completo los funcionarios la credibilidad? ¿Cómo se puede volver a confiar en estos llamativos actores que no hacen más que desprestigiar y ensuciar a todo colega que tengan en frente, sin importar el color ni la ideología? ¿Cuánto hace que nos encontramos en esta situación, cómo llegamos a esto y por qué? En definitiva, todos contra todos. El peso de la palabra se devaluó. Manifestaciones, expresiones erróneas y actitudes fuera de lugar. Y la peor de las consecuencias: la ciudadanía que se aleja de la política.

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