Juana “la Loca”: Te contamos su historia
Mundo 📍 Mundo 👁️ 4 lecturas

Juana “la Loca”: Te contamos su historia

Juana I de Castilla sigue siendo estudiada como un caso excepcional en una historia marcada por el poder, el linaje y la salud mental.

📅 13/04/2026

✍️ Por Delfina Marquez Izurrieta, estudiante de Relaciones Exteriores/Internacionales de la Universidad de San Andrés

La historia de Juana I de Castilla, erróneamente apodada Juana “la Loca”, es una de las figuras políticas más decisivas y, al mismo tiempo, más maltratadas del Renacimiento europeo que recordamos a 471 años de su fallecimiento. Nacida en Toledo en 1479 del matrimonio real de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, Juana recibió una formación avanzada para una niña que, inicialmente, no estaba destinada a reinar (por sus hermanos). Dominaba el latín y el francés, poseía una basta biblioteca de unos 200 libros y destacaba en artes como la música y la danza, especialmente con el clavicordio. En 1496 se casó con Felipe el Hermoso, heredero de Flandes y Borgoña, una unión estratégica para aislar a Francia. Juana partió hacia Flandes en 1496, a los 16 años. Aunque no se conocían, se dice que al verse nació entre ella y Felipe una atracción física enorme, al punto que Felipe ordenó que un sacerdote los bendijera el mismo día para consumar la unión antes de la boda oficial. A pesar de esta pasión inicial, el entorno se volvió hostil. Esto fue por los consejeros pro-franceses de Felipe que marginaron a Juana y, además, por la pérdida de interés de Felipe, que con sus constantes infidelidades le provocó unos celos inmensos. Llegó incluso a confinarla en sus aposentos tras incidentes violentos de Juana contra sus amantes. Tras una serie de muertes inesperadas de sus hermanos mayores y su sobrino, se convirtió en la única heredera de las coronas de Castilla y Aragón en 1500. Tras la muerte de sus padres, Juana fue proclamada reina de Castilla, pero dejó a su padre, Fernando seguir gobernando en su nombre. Felipe, por otro lado, sí quería gobernar, por lo que pactó con Fernando el reconocimiento de la supuesta incapacidad de Juana para dirigir, repartiéndose los reinos de Aragón y Castilla. En 1506, Felipe el Hermoso murió, lo que sumió a Juana en un luto profundo. Ella misma protagonizó un lúgubre cortejo fúnebre por Castilla, viajando de noche y negándose a enterrar el cuerpo en las ciudades para evitar ser encerrada nuevamente. Este comportamiento, sus celos diagnosticados en la época como “patológicos”, sus conductas desafiantes y su escepticismo religioso, con el que se resistía a confesar e ir a misa (haciendo huelgas de hambre si la obligaban), fue utilizado para difundir la imagen de una reina que había perdido la razón.

Imagen secundaria

Cuando finalmente se enterró a Felipe el Hermoso, Juana permaneció encerrada durante 46 años en un palacio-cárcel en Tordesillas. Este cautiverio fue orquestado primero por su padre, Fernando, y continuado por su hijo Carlos I, para legitimar sus propios gobiernos, ya que Juana nunca dejó de ser la Reina propietaria según las leyes y el testamento de su madre. En 1520, comuneros revolucionarios la liberaron brevemente e intentaron que encabezara la revuelta contra su hijo Carlos, pero Juana se negó a firmar cualquier documento que deslegitimara su descendencia. Murió el 12 de abril de 1555 a los 75 años en su cautiverio, a causa de fiebres y un estado de salud deteriorado tras los años encerrada. La relevancia de Juana I de Castilla persiste hoy, no solo como un hecho histórico, sino como un símbolo en constante revisión. Diversos investigadores han desmentido el mito de su locura, presentadora como una mujer plenamente consciente de su papel y víctima de una conspiración política y patriarcal. Su figura se estudia ahora como un ejemplo de cómo el poder puede utilizar la salud mental para anular la voluntad de una soberana.

💬 Comentarios

Deja tu comentario

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en comentar!